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EL DIFÍCIL CAMINO PARA REDUCIR EL USO DEL PLÁSTICO EN MÉXICO

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Trabajadora de inova plastix doblando bolsas para residuos biológicos, desde el COVID la venta de este tipo de bolsas se ha disparado.. Toluca, México

El país produce siete millones de toneladas al año y miles de personas comen y beben en envases de un solo uso que dejan tirados por las calles

Publicado por: EL PAÍS

Texto y foto: EL PAÍS

NACIONAL. 7/Jul/2020. Desde la terraza del “Quédate en casa” se ve el discurrir de mujeres cargando bolsas de plástico con la compra del día. Si es domingo de mercadillo, más aún. Parece que fue hace un siglo cuando los medios de comunicación y los gobernantes anunciaban el fin de las bolsas de un solo uso, el 1 de enero, en Ciudad de México. Pero en realidad solo han pasado seis meses y aquí no ha pasado nada. O casi nada. Solo hay una cosa cierta: la mercancía no se empaca en bolsas en los supermercados, pero el filete sí, y el pescado, y los pepinos y las fresas. Eso con buena suerte. Lo peor es cuando la carne se deposita en una bandeja de unicel, más contaminante aún, y se le dan unas vueltas en láminas de plástico como si se tratara de una maleta en el aeropuerto. De norte a sur, de las montañas a la playa, las calles siguen llenas de estas bandejitas, de vasos y cubiertos desechables, de botellas de refrescos, de envolturas de chuches. Y también en los parajes naturales más agrestes el viento ha diseminado estos envases que se están devorando los ríos y los mares. Con este panorama, las bolsas de plástico parecen un problema menor.

Los supermercados, los únicos que parecen acatar esta ley, han puesto a la venta otras bolsas, de tela no tejida (polipropileno), en su mayoría de color verde y que muchas veces llegan a casa rotas o a punto de romperse, o sea, prácticamente de un solo uso. Lo del color no es un detalle vacío, porque ese tinte es más tóxico que el azul, el rojo, o el blanco, pero las empresas lo piden así para hacerse las ecológicas. “El pigmento verde deja más huella ambiental, pero es el tono que nos encargan”, se excusa Víctor Posadas, director general de una fábrica de bolsas de plástico en Toluca, la capital del Estado de México. “El color natural, el transparente, es menos tóxico”, sostiene el responsable de Innovaplastix, donde estos días la producción ha derivado a bolsas para cadáveres de la pandemia y vestimenta plástica para sepultureros y otros profesionales en contacto directo con el coronavirus. Los colores siempre han tenido importancia en la industria, porque convencen o engañan al consumidor. “Las bolsas de color café ahora tienen más aceptación porque la gente las confunde con las compostables”, explica Posadas.

El asunto de los plásticos es toda una ceremonia de la confusión donde no solo quedan atrapados los peces. El color despista, el reciclaje para la basura a veces se vuelve inextricable y cualquiera pensaría que un plástico más denso, más resistente es más nocivo para el medioambiente. “No es verdad”, asegura Posadas, “y esas son las bolsas que, precisamente, están prohibiendo”. “Los fabricantes deberíamos ponernos de acuerdo y hacer bolsas de alta densidad, que además serían reutilizables . Y también deberíamos acordar los compuestos y los tintes en la fabricación, porque eso facilitaría el trabajo cuando las tenemos que reciclar en la fábrica, vengan de donde vengan”.

En México hay hasta 100 proyectos de iniciativas de ley para prohibir, sustituir o reducir el consumo de plástico. Y 25 Estados con leyes ya aprobadas en la misma dirección, según los datos de la Asociación Nacional de la Industria del Plástico (ANIPAC). Pero una cosa es publicar las leyes y otra cumplirlas. No hay sanciones y si las hubiera, coinciden varios de los que han hablado para este reportaje, la corrupción a pie de calle se encargaría de solucionar eso. “Si a una persona se le puede multar por el uso de las bolsas con 160.000 pesos, llega un inspector y con 2.000 lo arregla”, dice uno de ellos. Con este panorama parece casi imposible alcanzar las metas acordadas para 2025, para 2030 o 2050. Esta última fecha es casi un ultimátum mundial: si para entonces no se han tomado cartas en el asunto de forma responsable habrá más plásticos que peces en los océanos.

Un paseo por las calles de la capital mexicana aleja todas esas metas aún más. Parece que se necesitarán 100 años para reducir el plástico, sin embargo, el plazo para acabar con los desechables está fijado el 1 de enero de 2021. “Sí, se hace difícil pensar [que se reducirá en unos meses] pero estamos trabajando mucho en ello”, asegura la directora general de Evaluación de Impacto y Regulación Ambiental de la Ciudad de México, Andrée Lilian Guigue Pérez. Confía en las “campañas de concientización que se retomarán en una quincena” para informar a los dueños de puestos ambulantes. Con los supermercados o tiendas de comida para llevar las negociaciones serán otras. Guigue dice desconocer qué porcentaje del plástico desechable supone la actividad ambulante, pero no es poco y esa será la parte más complicada, porque el Gobierno de la ciudad anda con pies de plomo para no lastimar la economía de la gente que vive al día.

De hecho, estos días más que avance se aprecia una involución. “Sí, es la impresión que tenemos, que se ha producido cierta relajación en el uso de las bolsas de plástico [de camiseta]. Pero todo el mundo debe tener claro que no habrá marcha atrás en esto. Y si los supermercados las emplean es con dolo y mala fe, porque saben que no se puede, la pandemia no ha revertido la norma”, enfatiza Guigue Pérez. Y advierte: “El plástico no reduce el contagio, los virus permanecen”.

La reconversión de la industria del plástico “no se puede hacer de un día para otro, pero el periodo debe fijarse en 2025”, sostiene el presidente de ANIPAC, Aldimir Torres Arenas. Y hace una autocrítica: “Hemos estado creando necesidades para los productos que fabricamos, hemos sido irresponsables, también la Administración y los ciudadanos. Todavía no estamos preparados para un gran cambio, pero trabajamos para estar listos en 2025. Lo que está claro es que la tapa de la leche no va a tener el mismo color. Hemos trabajado para la mercadotecnia”, asegura. Torres no cree que la reconversión industrial del plástico signifique la pérdida de empleos, sino una modificación de los productos. “Los plásticos no son basura, solo un residuo en un lugar inadecuado”, dice. Y repite una frase que quieren que cale en el imaginario común: “El plástico no ha sido el villano ni es ahora el héroe [con la pandemia]. Simplemente es un excelente aliado cuando se usa responsablemente”. Y cuando no se abusa, pero ninguna de esas dos cosas parecen estar a la vuelta de la esquina.

Cada año se producen en el mundo 400 millones de toneladas de plástico, con China a la cabeza de la industria. México es responsable de siete millones, que dan empleo directo a 193.000 personas y genera ventas por valor de 368.000 millones de pesos. Todo ello supone el 3% del PIB manufacturero. Se exportan 4 millones de toneladas y se reciclan más de un millón. El envase y el embalaje supone casi la mitad (47%) de la producción, siempre con datos de ANIPAC.

 

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