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ARTICULO: A la goma el unicel. Por: Paul Medrano

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CROMÁTICA 

ARTICULO: A la goma el unicel

Por: Paul Medrano

En la primera mitad del siglo XX se inventó el unicel y su fama creció exponencialmente. Llegó como un super invento que nos permite mantener la temperatura ideal en los alimentos. Si es un vaso, evita molestias ya sea por un líquido frío o caliente. Es muy ligero y su color blanco le da un aire bien higiénico. Por si fuera poco, el unicel es baratísimo. 

Solo fue cuestión de tiempo y ahora no hay sitio en donde no lo usen.

Nos hemos acostumbrado tanto al unicel, que no entendemos la vida sin su presencia: ¿cómo viajar con un vaso de atole, de café o una michelada, si no es unicel? ¿De qué otro modo mantengo mi guisado caliente si no es un recipiente de ese material? ¿Cómo voy a repartir mi pastel en platos de cartón o servilletas?

El asunto es que el unicel es casi indestructible y no reciclable (bueno, sí lo es, pero es tan costoso que casi no lo hacen). En México se consumen 125 mil toneladas de unicel al año, de las cuales se recicla sólo el 0.1 por ciento. En Guerrero, tristemente, mucho unicel termina en el mar, afeando el panorama, pero sobre todo, matando animales, matándonos a nosotros. 

En las escuelas, por ejemplo, es una regla no escrita que durante los convivios se use este tipo de recipientes. En todas las fiestas, infantiles o de adultos, dan unicel. En casi todos los changarros de comida (que son los más numerosos) te dan unicel (incluso, hasta en los que se ufanan de ser veganos o con conciencia ecológica). 

Y es que el unicel empieza convertirse en material tan indispensable, que hasta se ha volvido contrabando. De otra manera no se entiende cómo, pese a estar restringido en algunas playas certificadas, sigue apareciendo este material en la basura que dejan los turistas. O sea: lo pasan a escondidas.

Ahora que hay tanto politiquete prometiendo las perlas de la virgen y demás utopías, convendría a los ciudadanos exigir un hasta aquí con el unicel (y de paso, con todos los plásticos). Es necesario cerrarles el paso, ya, ahora mismo, inmediatamente.

Para algunos, esto significaría volver a la edad en que cargabas con tu plato y tu vaso. ¿Y saben qué? No estaría nada mal. Porque además de ahorrar un dineral, nuestras calles, nuestras ciudades, nuestros ríos y nuestras playas, estarían limpias.

Aquí conviene aclarar que, no porque no veas un vaso unicel en la playa, no quiere decir que no esté contaminada: el unicel y casi todos los plásticos, con el sol y el agua salada, terminan convirtiéndose en pequeñas partículas de plástico. Microplástico, le llaman. Y en esa presentación es sumamente nocivo y abundante. Porque está en el agua, en los animales que beben (y viven) esa agua y en los animales que se comen a esos animales (sí, amigo, aquí entramos nosotros). Si lo queman, la cosa es más preocupante, pues el unicel libera gases nocivos.

Nadie niega que el unicel sea barato, pero el costo ecológico es altísimo. Ah, dirán algunos, pero el costo ecológico no existe, son los papás. Si eso creen, entonces no se quejen de redes hidrosanitarias tapadas de basura (entre esa basura, mayormente plástico y unicel), entonces no teman el crecimiento en el agujero de la capa de ozono y menos aún, no se preocupen si el turismo deja de venir a nuestras playas, por estar super cochinas.

Ah, ¿verdad?

Una prohibición de unicel no nos caería nada mal. Hay varios países que han adoptado esta medida, ante la necesidad de ponerle un alto, antes de que sea demasiado tarde. Los grinch dirán que eso solo pasa en el primer mundo, como Francia, que adoptó esa prohibición en 2016. Pero, no solo en primer mundo: en África, sí África, al menos 20 países han prohibido el uso de bolsas de plástico debido a su gran poder contaminante. Un gran avance que seguro en un futuro cercano, también le cerrará el paso al poliestireno.

¿Y entonces, cómo cargaremos la comida para llevar?

Opciones hay dos y ambas son más baratas: 

1.-Tus propios trastos. 

2.- Trastos de papel o cartón.

Con ambos cuidamos las playas y los ríos que tanto le gustan a los turistas. Con ambos preservamos la industria sin chimeneas que tanto nos gusta presumir. Con ambos mantenemos por más tiempo esos ecosistemas que tanto asombran a biólogos de todo el mundo. Con ambos, mantenemos limpio nuestro estado, nuestra casa.

Señores candidatos y ahijados del presupuesto, es tiempo para que se empiecen a analizar medidas restrictivas al unicel y al plástico. Es tiempo de alentar la creación de empresas fabricantes de trastos de cartón o papel reciclado. Así matarían varios pájaros con el mismo resorterazo: detenemos la contaminación, reciclamos desechos y damos chamba a muchos guerrerenses.

Es cierto, se requiere de una gran reflexión sobre el tema. Somos un estado que vive del turismo, de su imagen, pues. Y ni el unicel ni el plástico nos viene bien. Se vuelve inevitable regularlos, o porqué no, prohibirlos, habiendo tantos y tantos modos para sustituirlos. Puede que algunas opciones no sean igual de baratas, pero si las comparamos con el costo ambiental y turístico, las ganancias para todos son evidentes.

@balapodrida

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