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2020 “EL AÑO MALDITO” QUE ESTA POR TERMINAR

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Fotos: Javier Verdín

CROMÁTICA La imagen relatora de la realidad

Acapulco, Guerrero, 28 diciembre 2020.- Este año cargado de muerte, desgracias, soledad y aislamiento también nos ha dado muchas lecciones. Lo normal se hizo mortal y cambió nuestras vidas.

Es probable que este haya sido el peor año de nuestra vida colectiva. Los más de 7.800 millones de habitantes en el planeta fuimos amenazados mortalmente por un virus que nuestros ojos no pueden captar pero que destruye los pulmones y casi todo lo que toca.

Las películas catastrofistas se quedaron cortas. La COVID-19 es la peor pandemia en el mundo desde que la llamada gripe española mató a unos 50 millones de personas hace más de un siglo, en 1918.

Las muertes por el coronavirus en el mundo ya van por arriba de los 1.7 millones y los contagios superan los 77 millones. Sentimos que la muerte nos acecha cuando abrimos la puerta de la casa, cuando besamos o abrazamos a alguien que queremos, cuando se nos acerca un amigo o compañero de trabajo, cuando vamos al supermercado o nos subimos al metro o a un avión.

Nunca sospechamos que la globalización era también esto: un minúsculo meteorito que impacta en Wuhan (China) y transmite su capacidad de destrucción a la velocidad del rayo hasta el último rincón del planeta.

No lo vimos venir, no estábamos preparados y hemos pagado nuestra soberbia con más de un millón y medio de muertos en todo el mundo y el colapso de nuestras economías. Nos creíamos a salvo en nuestras sociedades hiperprotegidas, e hicimos oídos sordos a las señales anticipatorias que lanzaron otros virus, y a quienes pedían planes de contingencia.

Esta amenaza no fue suficiente para algunos: hemos visto gentes por la calle sin mascarilla, clamando “¡libertad!”, y furibundos usuarios de redes sociales diseminando otro peligroso virus, el de la desinformación.

Hay quienes desde sus despachos oficiales se convirtieron en apóstoles del negacionismo y aplicaron sin escrúpulos el manual básico del buen manipulador: ante la incertidumbre, exagera la confusión, desacre­dita a los expertos, niega la evidencia y señala un culpable.

La economía (macro o micro) es blandengue y tirana al mismo tiempo. Al cerrar miles de empresas y negocios en un corto tiempo, millones de empleados se han quedado sin sustento. Las grandes empresas farmacéuticas, en cambio, son cada vez más boyantes.

Han bastado unos meses para tener muy claro que: Nuestros sistemas de salud son demasiado endebles y lo único que ampara a los ciudadanos es la vocación y dedicación de grandes médicos y enfermeras.

El conjunto de la clase política no arrima el hombro ni cuando sus votantes están en peligro. Los gobernantes, sin querer queriendo, nos han reducido derechos y libertades y la sensación de regresión histórica se torna obscena.

Aunque ha sido, para decirlo en buen español, un año muy cabrón algo que hemos aprendido es volver a valorar lo básico. La salud, la convivencia con las personas que amas, el agradecimiento de las cosas cotidianas.

Hasta nuestro vocabulario ha recibido una inyección de nuevos términos (carga viral, rastreadores, inmunidad de rebaño, antígenos, aerosoles…). La ansiedad, la soledad, la depresión y la pobreza son las pandemias que, finalmente, escoltan a un virus.

El modelo de negocio de los medios de comunicación ha sufrido su enésima sacudida, mientras el buen periodismo se ha revelado como un pilar fundamental. Las conspiraciones y la desinformación rivalizan a cara de perro con la ciencia.

La pandemia ha propiciado la época dorada de los memes y los tapabocas se ha convertido el complemento de un look “responsable”. Un rayo de esperanza ha llegado en los últimos compases del año con la vacunas.

Lo que sí deberíamos aprender es que nos quejábamos mucho en esa vida anterior y no sabíamos que, en realidad, éramos personas que gozábamos de cierta estabilidad en todos los ámbitos.

Respeto a la pandemia, tiene razón quien dice que tarde o temprano pasará y, si la mayoría sobrevivimos, volveremos al mismo individualismo e indiferencia de siempre.

Un abrazo solidario y con mucho cariño especialmente para todas las personas, familias que este año despidieron a una persona amada que será especialmente extrañada en esta temporada. 

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